Tarde parisina. Disfrutando del atardecer. Cosa que los venezolanos no estamos acostumbrados. Este bicho llego, se bajo de la bicicleta y se sento…
Llegó corriendo a la feria, sudando de tanto pensar. Era bien grande, de esas donde hay muchos globos, carpas y juegos tragamonedas. Comenzó a caminar sin rumbo alguno pero con la certeza de que algún premio se llevaría al terminar la jornada.
Realmente no habia nada divertido, hasta que encontro un mago que hacía trucos verdaderamente insólitos. Los niños estaban boquiabiertos, las solteras solo tenían pensamientos del tipo indecoroso, los hombres sólo querían poder tener la oportunidad de aprender a hacer, al menos, un truco. Pero nuestro amigo, sabía que sólo era pura ilusión (de esas que terminas bajando la poceta). Con todo lo que habia visto en la feria, sólo se daba cuenta que esa certeza de ganar algún premio, se estaba diluyendo como el algodon de azúcar en la boca de las niñas que veía correr detras de los muñecos gigantes.
Habían pasado largas horas. Podríamos decir que, si bien su cuerpo estaba en esa feria, había pasado el tiempo en total meditación. Su mente evidentemente no estaba en blanco, pero sus ideas iban y venían con tal anarquía que su mirada delataba asociación libre de pensamientos. El que no sabe de lo que estoy hablando lo hubiese tachado de loco. Pero fué en ese justo momento que comenzó a creer.
Subió la mirada y vió junto a un árbol (de esos que te acobijan cuando cae la lluvia o que te dan sombra en el momento mas caluroso del día) un par de ojos grises que reflejaban el cielo que cubría la fería. En esa época no existían las cámaras lentas pero al ver tal belleza de mujer todo se tornó oscuro alrededor. Ella tomó un brillo que sólo lo da la lluvia cuando el sol la pinta de colores; lo único que se escuchaba era el mas cliché latido del corazón. Así la certeza cobraba mayor fuerza.
Al primer paso para acercarse a ella, sintió un paro en el corazón. Al segundo paso, un golpe en la cabeza. Al tercero, algunos árboles andantes lo tomaron por sus ropas. Al cuarto, tenia que luchar con el viento. ¿Qué paso con toda la meditación? ¿Qué pasó con la certeza? Se preguntaba cada vez que trataba de caminar hacia ella.
Cerró los ojos y sintió que no podía llegar. Cuando los volvio a abrir pudo verla desde lejos, donde compartieron una sonrisa (de las mas lindas que habia compartido) y le llegó, gracias al viento, que momentos antes lo paralizó, un leve olor a cuando estrechas la mano de una bella mujer.
El decidió dejarse llevar, olvidar la sombra del árbol, no recordar los trucos del mago y dejar la certeza atrás. Ella se perdió entre la muchedumbre (naturalmente).
Cuando se dió cuenta que sólo era una feria y ella era sólo una mujer, regresó a buscarla.
Ya no estaba.
La Mexicana Dorada (by nicknottaken
)
El mejor peor corto de la historia. Sin sentido, sin presupuesto, sin honor.













